Premio a la Pedagogía en Matanzas

Entrevista a la Dra. C. Inés Salcedo Estrada
Por Yasnier Hinojosa y Laura Vichot Borrego
La Dra.C. Inés Salcedo Estrada fue merecedora del Premio Nacional de Pedagogía por su destacada trayectoria profesional y aportes como investigadora e innovadora del proceso docente.
-¿Qué le vino a usted a la mente cuando le dijeron que tenía el premio Nacional de Pedagogía?
– En ese instante pensé muchas cosas, en primer lugar me sentí alagada, luego recordé el tiempo que había pasado desde que me gradué a los 22 años y obtuve el primer galardón de mi carrera profesional, recibir el certifico de graduada de manos de Fidel Castro. El comandante me hizo entrega de un compromiso que me ha acompañado a lo largo de 47 años de ejercicio de la docencia: mantenerme fiel a la labor del magisterio.
– ¿Quién gana?
– La Pedagogía como ciencia, a la que honran cada día con nuestro desempeño, con el estudio de las prácticas de nuestros maestros, muchos hombres y mujeres de la provincia. El premiado es la Pedagogía y los maestros que me han acompañado, que me han permitido entrar a sus aulas, compartir mis puntos de vista, y aprender de ellos.
– ¿Cómo contribuyó a la formación del hombre nuevo?
– En la formación durante nueve años de los profesores del Departamento Pedagógico, y de los maestros del pregrado y los que están en ejercicio. Las jornadas que viví con ellos desde su fundación en 1972, conociendo sus aspiraciones, sus vivencias y la participación en su madurez son mi mayor experiencia. Me enfoqué en la dirección de su trabajo y el mejoramiento humano a la par de su formación como másteres, doctores.
– Hay Inés para rato…
– La vida me dejó llegar hasta aquí, un privilegio que no ha premiado a muchos. Quisiera que ellos también estuvieran, se hubieran sentido muy felices. Deseo, en la medida que pueda y las fuerzas me acompañen, continuar con la lucidez que ahora me acompaña para contribuir con este proceso. Pero confiada estoy en esta juventud, con la que no dejo de relacionarme. Hay un bastión de maestros amantes de su labor, eso me estimula, me da fuerzas.
– ¿A qué da las gracias?
– Le agradezco a la vida y a la Revolución haberme dado la posibilidad de ser maestra, de estar 47 años en la provincia de Matanzas, que es una cosa grandiosa. No me arrepiento de nada, al contrario, solo me resta agradecer a quienes me ayudaron a crecer.
El magisterio se ejerce con humanidad, requiere de hombres y mujeres consagrados a cuanto les rodea. Nada hay de mayor sensibilidad por la naturaleza de los hombres, que la vocación de quien ha de orientar y guiar por camino fértil las capacidades de otros, mediante la transmisión de sublimes conocimientos.

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