Cambios oportunos en la nueva normalidad cubana.

Por: Celia Zaldívar y Beatriz Ortet/ DECOM

 Cambiar no es fácil, incluso cuando se sabe que es necesario, que es para bien o que será algo bueno. Los hábitos organizan y economizan la conducta, la tendencia a responder en las formas acostumbradas se convierte en fuente de resistencia y genera temor y ansiedad, y es que lo de siempre, lo simple y lo normal son de las cosas importantes que solo se notan cuando faltan: aquello que no queríamos, que criticábamos y pedíamos cambiar luego se anhela, se le busca lo positivo y se recurre a la máxima de que todo tiempo pasado fue mejor. Pero el cambio es condición inherente al desarrollo, y hoy cuando el caos amenaza a la raza humana en forma de coronavirus, hay que modificar lo que sea necesario por salvaguardar la vida.

En medio de esta crítica situación mundial nuestro país se prepara para realizar modificaciones en su política económica, el modo de vida de nuestra sociedad se va a transformar, lo que repercutirá en el estilo de vida de cada uno de nosotros. Sin perder la esencia de nuestra identidad, y en defensa de las conquistas de nuestra revolución, Cuba precisa cambiar para poder enfrentar el férreo recrudecimiento del sexagenario bloqueo impuesto a nuestro país.

No se sabe cuándo terminará esta contingencia sanitaria, no se sabe qué otras maneras encontrarán para presionar a nuestra patria, pero sí tenemos la certeza de que siempre realizaremos los cambios necesarios en la economía, la política y la cotidianidad. Históricamente la cualidad de nuestras transformaciones no solo se ha adecuado a las características del hecho a enfrentar, sino que se ha convertido en potencialidad, así surgieron muchas de nuestras organizaciones de masas, se implementaron estrategias económicas que salvaron a un país que en los años 90 tuvo casi que reinventarse para poder sostener su revolución, y su dignidad. Cada cubano tuvo que reinventarse también, cada cual tomó sus decisiones, buscó alternativas, aprendió, se adecuó, aportó a la sociedad su creatividad, inteligencia y valentía. Ojalá el saldo esta vez sea que cada uno se convierta de nosotros se convierta en una mejor versión de sí, porque ahora toca hacer las cosas de modo diferente, ser más flexibles, disciplinados, responsables, creativos, competitivos, y seguir alegres por tener la oportunidad para sonreír, luchar, amar y cambiar.

Hay acontecimientos que exigen descubrir y desarrollar recursos personales para enfrentarlos, el miedo o la incertidumbre deben ser desterrados y sustituidos por el valor y la confianza. El surgimiento de nuevas actitudes o comportamientos precisa, entre otros aspectos, de convencimiento y comprensión de su importancia; participación y compromiso, dados por la posibilidad de proponer alternativas y sentirse parte del cambio; y por último, la certeza de que es posible pues depende en gran medida de cada uno, y porque lo que no se sabe se puede aprender. Maslow, un destacado psicólogo humanista, decía que cada persona es en parte, su propio proyecto y se hace a sí misma.

El enfrentamiento a los problemas siempre genera un aprendizaje. Los obstáculos sirven para reajustar estrategias, ser creativos, obtener mayor control y madurez, por eso hay que ser optimistas y crecer. En medio de la reciente crisis sanitaria el aislamiento social, por ejemplo, no solo se constituyó en un termómetro del funcionamiento familiar y comunitario, sino que fue un agente de cambio y reordenamiento en pos de su perfeccionamiento. Una cultura de mayor higiene y autocuidado, el desarrollo de un adecuado criterio de riesgo, tomar en serio las indicaciones del sistema de salud, así como la organización y el ahorro, traducidos en la maximización de los recursos, son logros que trascenderán el momento. El estudio o trabajo desde casa exigió el desarrollo de habilidades y cualidades morales tales como la responsabilidad, disciplina y la independencia, de gran utilidad en la vida profesional y personal. El desarrollo de valores humanos y el optimismo, respetar y valorar más lo que se tiene son otras de las enseñanzas que emergen de esta vicisitud.

Decir que las crisis son el motor impulsor del desarrollo puede parecerle a algunos una perogrullada y a otros una utopía, pero la veracidad de esa sentencia se torna oportunidad, quehacer y aprendizaje continuo. El cambio que ya está germinando en nuestro modo de actuar refleja que saldremos fortalecidos, una vez más,  como seres humanos, como cubanos, como país. ¡Venceremos!

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