La norma de lo normal y las reglas para proteger la vida.

Por: Celia Zaldívar y Beatriz Ortet

Psicólogas del Decom

beatriz.ortet@umcc.cu celia.zaldivar@umcc.cu

La cultura de los pueblos y su historia forjan en gran medida el carácter de sus habitantes. El arraigo a las tradiciones y sus consecuentes conductas no son solo motivos de orgullo sino que se constituyen en hábitos que organizan y dan sentido a la vida, por eso la tendencia a responder en las formas acostumbradas se convierte en fuente de resistencia y genera temor ante el cambio. No siempre lo normal o lo cotidiano es lo mejor o lo más justo, por eso las normas culturales no coinciden con las legales, aunque las últimas pueden constituirse en su motor impulsor, y cuando se logra tal simbiosis acatar las reglas es más fácil.

 

La postura crítica a las costumbres de hacer, pensar y ser, se ha constituido desde todos los tiempos en fuente del desarrollo de la humanidad, esa que hoy precisa de nuevas costumbres, de responsabilidad y disciplina, para no desaparecer. Constituye un reto para todos juzgar correctamente el riesgo y no pecar de ingenuos, creyendo que el peligro de la pandemia pasó o que no nos tocará a nosotros. Tenemos el deber de resguardar nuestra salud, la precaución, la cultura del autocuidado y la toma de conciencia de su importancia deberá impregnarse en el presente y trascender. Mantener la higiene, el distanciamiento físico y el uso del nasobuco son normas que han de constituirse en normalidad, porque son el único modo de mantenernos vivos.

 

Cada uno de nosotros ha tenido que crecer en medio de la pandemia, enfrentando ansiedades, temores, añoranzas. Tenemos la posibilidad de hacer las cosas mejor gracias al esfuerzo de muchos que pusieron la salud y los intereses de los demás por delante de los suyos. Muchos cubanos han arriesgado su vida y siguen dispuestos a hacerlo, por otras personas en nuestro país y en todo el mundo con las que no tienen otro vínculo que el de ser humanos. Son gigantes anónimos que no esperan más gratificación que el bienestar de todos, y a quienes debemos en estos tiempos aciagos la oportunidad de vivir. Convertirnos con nuestros actos en defensores de la vida es una forma de homenajear a los que por causa de la Covid ya no están, y a todos los héroes sin nombre que luchan incansablemente por vencer a esta pavorosa pandemia.

 

Ahora lo normal no son los besos ni los abrazos, lo que se ve diferente y extraño en estos momentos es la indisciplina, el descontrol y la desidia. Todos los cubanos estamos asumiendo con disposición y compromiso las orientaciones que nos permitirán preservar la salud y las conquistas de nuestra patria, estamos desempeñando decorosamente cada tarea, repartiendo amabilidad y optimismo. Resistir, enfrentar dificultades, aprender nuevos modos de disfrutar y compartir afecto, modificar lo que sea necesario por salvaguardar la salud es lo más natural, lo cotidiano, nada se extraña más que la vida propia y la de los seres queridos, por ellos cambiaremos lo necesario. Cuidarnos es lo más lógico y lo más normal ahora pues el hábito que realmente precisamos proteger es el de seguir vivos.

 

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