Junto a los buenos del mundo

Autor:  | madeleine@granma.cu

Es Primero de Mayo. Nada impedirá la fiesta. ¿Que ha cambiado el escenario del color y el calor de la Plaza? Sí. ¿Que de nuevo el convite a celebrarlo es virtual o desde casa? Es cierto. Por el propio bien de un pueblo, que vive días gloriosos frente a una pandemia devastadora, son afirmativas las respuestas.

En otro desfile, el del pensamiento justo y elevado, que no se deja confundir, debemos estar presentes los que queremos para Cuba la luz de la prosperidad. Pero no la de unos pocos, amos y dueños del dinero, que en sociedades neoliberales explotan, como a bestias, a la mayoría, sino la de esa claridad que no discrimina, la que no desampara, la que no indaga para hacer el bien, la que arropa a todos sus hijos, porque desde las primeras líneas de su Constitución deja muy claro que en este Estado socialista de derecho y justicia social, fundado en el trabajo y la dignidad,  la obra es con todos y para el bien de todos.

La actual situación epidemiológica tendrá su epílogo. Vendrán nuevos tiempos y, con ellos, otro Primero de Mayo, en que el Día Internacional de los Trabajadores recobrará su sonado privilegio en las plazas del mundo. En muchos de ellos, los hombres y las mujeres del orbe reclaman, no siempre con esperanzas, tantísimos derechos que en Cuba alcanzan mayoría de edad, porque la Revolución vino con ellos.

Las nuestras volverán a ser espacio de confirmación revolucionaria para desfilar frente a sus principales dirigentes, tanto niños como jóvenes y ancianos, sin más empuje que el gusto de estar en una de las más hermosas y emotivas jornadas, engalanadas con cantos, consignas, himnos y pancartas, confeccionadas lo mismo con cuidadosas arquitecturas, que con simples crayolas o acuarelas, tantas veces hechas por los pequeños de la casa. Quien lo dude, ese no ha estado jamás un Primero de Mayo en una plaza cubana.

Mientras desterramos la pandemia, y batallamos por regresar a la normalidad (condición que en Cuba tiene el estigma de un bloqueo cada vez más anacrónico y repudiado mundialmente), justo es, en este día, hacer ciertas valoraciones.

El trabajo, esa fortuna de la humanidad, tocada por la literatura desde sus más exactas dimensiones, es mucho más de lo que a veces suponemos creer. La utilidad de la virtud, que con fuerza aflora en su desempeño, es una de sus fortalezas, sin olvidar que solo en el socialismo es fuente de inspiración creadora y de placer.

Nos preparamos para la vida pensando en trabajar. Cuando enfermamos, el más imperioso sentimiento es el de recuperarnos pronto para incorporarnos al trabajo. No escaparon de la pluma de Goethe, de Kafka, ni de tantos otros genios de las letras, las filosofías sobre quiénes somos frente al trabajo. Pero también nosotros, parte del pueblo cubano que ha resistido estoicamente la asfixia económica a cargo del imperio más poderoso del mundo, con más de 240 medidas aplicadas recientemente por la administración trumpista, tenemos las nuestras.

Más de un año lleva Cuba creciéndose en su afán humanista, como si fuera posible engrandecerlo más. Si en primerísimo lugar la batalla en esta hora es por la vida, preservar el derecho de sus trabajadores en circunstancias tan complejas, incluso para las economías del primer mundo, lleva también el sello protector de la Isla rebelde.

No hay equipo de trabajo que no haya sentido la delicia de multiplicar esfuerzos en momentos en que se impone atajar la muerte y ganarle la cruzada, sin que se detengan los resortes movilizadores de todo un país. ¿Quiénes, sino sus trabajadores, han hecho posible la proeza? Animoso, porque sabe que la dicha plena solo es posible si se sirve a los otros, emprende este pueblo, a diario, su viaje por los días, dejando el agotamiento y la queja para cuando haya que hacer el cuento, que no es ahora, cuando se impone crear.

En fila apretada van médicos, maestros, obreros del comercio, de comunales, de centros de elaboración de alimentos, trabajadores de las far y del Minint, periodistas, instituciones… moviendo la maquinaria mayor, la que no puede ni va a detenerse, la que echa a andar la Isla proletaria, cada vez que amanece.

Impulsada, más que nunca, con nuestras proyecciones en pos de la dicha colectiva, diseñadas, discutidas y aprobadas en el 8vo. Congreso del Partido, –cuyos acuerdos son matriz y brújula para defender la actualización del Modelo económico y social de desarrollo socialista, y la puesta en marcha de la Tarea Ordenamiento– camina indetenible la clase obrera cubana, con miles de obstáculos que derribar, pero segura de no querer regresar jamás a un pasado capitalista en el que el ser humano, lejos de reconocerse en su comunidad, disuelve su esencia hasta convertirse en una cosa.

No es desconocido que hay males que desterrar, bien subrayados por Raúl en el Informe Central del Congreso, como los «efectos negativos asociados al exceso de burocracia, al deficiente control de los recursos, causa y condición del dañino fenómeno de la corrupción y de otras ilegalidades que limitan el incremento de la productividad y de la eficiencia», así como la presencia de «problemas estructurales del modelo económico que no proporciona suficientes incentivos para el trabajo y la innovación».

Para ello, y para conseguir los sabidos beneficios y rectitudes que entraña, se aplica la Tarea Ordenamiento, que «permitirá (…) ordenar y transparentar el desempeño de los diferentes actores del escenario económico, e incentivar el amor por el trabajo como medio y sentido de la vida de los ciudadanos».

No se podrá vivir sin trabajar en una nación que, en circunstancias extremas, ha logrado respaldar con variantes salariales a sus trabajadores; donde nadie ha quedado desamparado y se ha protegido a los padres de niños pequeños, y también a los creadores y artistas, lo mismo en el sector presupuestado que fuera de él; y que hoy se erige, soberana, con cinco candidatos vacunales para aniquilar la COVID-19.

Aunque tanto cuente, queda mucho por forjar. Cuba y su pueblo, que son sus trabajadores, emprenden hoy el rumbo con Díaz-Canel al frente, seguros de que el trabajo es la riqueza de la sociedad y también del espíritu. Se hace camino al andar. En eso estamos,  junto a los buenos del mundo.

Impactos: 0

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com