El Tío Sibila

El Tío Sibila –así, por el apellido, conocen a Lázaro en el hospital de campaña– me pide le dé chance para prender un cigarro y acabarse el contenido de la jarra, porque la “escafandra” –cuenta– le saca mucho líquido del cuerpo.

Lo sigo hasta el taxi para que no se escape.

Estamos en la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos, un sitio más, pero uno… de los que se baten contra la Covid-19. Sibila traslada en su carro a pacientes, desde –y para– aquí.

“Yo estuve en dos misiones militares en el África –quienes la quieren siempre le colocan el artículo enfrente. En mi juventud fui dos veces a Angola: como soldado primero y como sanitario mayor después. Quien no ha ido a Angola, no sabe lo que es el internacionalismo”, arguye… quizás exagerando.

“El internacionalismo que nos inculcó nuestro Comandante en Jefe no fue para mostrar el alcance territorial del comunismo. El internacionalismo que nos enseñó Fidel es el de ayudar a la gente. Para saber de qué forma se vive, hay que estar en esos lugares.

“A mí eso me dejó un grato recuerdo, aunque conocí personas muy tristes, muy pobres. Y no me arrepiento de haber cumplido la misión; aprendí mucho de ella; aprendí lo que es humanidad, aprendí lo que es el valor humano.

“De qué te vale todo el dinero del mundo, si no quieres a nadie. Lo importante es tener sentimientos y tener un corazón que te guíe por ese camino de seguir ayudando a los demás.

El tío Sibila. Foto: Mario Ernesto Almeida

“Fui ambulanciero por más de 30 años. La ambulancia es una cosa que requiere, de entrada, conocimiento y que te guste, que tengas devoción por eso. Porque todo en la vida requiere del amor y el amor enseña el camino.

“No me arrepiento de haber sido ambulanciero muchos años. Ahora soy taxista; tampoco me arrepiento porque, mira, volví a Salud… de una forma u otra y para mí ha sido una felicidad, porque sigo siendo el mismo de siempre; sigo ayudando, sigo trabajando.

“Todo lo que aprendí en mis años de ambulanciero lo pongo en práctica aquí. Pero lo importante, acuérdate siempre, es el sentimiento. Cada ser humano, desde mi punto de vista, es un granito de arena y, si cada uno de nosotros aporta, seríamos millones haciendo el bien para otros.

“Aquí hay que dar ese poquito que somos.

“No tengo fecha de retirada, ni pienso irme de aquí hasta que esto no se acabe. Ahora mismo estoy muy malo de gomas, no quisiera pararme por neumáticos, estoy pésimo de gomas; mientras esto esté… quiero estar.

“Desde que empezó la pandemia estoy aquí y de aquí no me voy. Para mí esta es mi segunda casa. Y paro más aquí que en mi casa, así que pasa a ser casi la primera.

“Trabajo aquí en la Universidad todos los días, de lunes a lunes. Ni quiero descanso ni me gusta descansar. Mientras que esta situación esté… no hay descanso; es trabajo.

“Aquí no hay frenos –y no se asusten porque lo esté diciendo un taxista–; esto es hasta el final.

  1. “¿Me entiendes, mi sobrino?”.

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