Céspedes: El misterio de una sola Revolución

Por Msc. Roberto Hernández Suárez, Instituto de Historia de Cuba

Al cumplirse 200 años del nacimiento de Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, debemos de reflexionar por qué se mantienen con tanta fuerza y vigencia histórica su vida y su obra para el pueblo cubano, y como paradigma político, patriótico y moral para hombres de la talla de José Martí Pérez y Fidel Castro Ruz, los cuales han trascendido en la historia de la patria.

Carlos Manuel de Céspedes, abogado y propietario del ingenio Demajagua, nació en Bayamo el 18 de abril de 1819 y al momento de proclamar la independencia contaba con 49 años de edad. Según relatan algunos de sus correligionarios y allegados, Céspedes estaba investido de una gran cultura. Además de poseer su título de licenciado en derecho, gozaba de una recia y carismática personalidad, con un valor personal demostrado a toda prueba en diferentes circunstancias antes del alzamiento.

Irrumpió como líder político- militar de la Isla el 10 de octubre de 1868, cuando asumió la trascendental responsabilidad de iniciar y encabezar la dirección de la primera guerra contra España por la independencia nacional, cuando aún la gran mayoría de los cubanos no estaban persuadidos de que la lucha armada era el método principal para acabar con la dominación colonial.

Sus biógrafos apuntan que fue en España, siendo estudiante de derecho en la universidad literaria de Cervera Barcelona, -1840- donde comenzó a manifestar sus primeras inquietudes políticas, al sumarse a las milicias ciudadanas con el grado de capitán.

En 1842 recorrió  varios países europeos, quedando impresionado con el desarrollo del capitalismo, a lo que denominó “siglo positivo”.

La experiencia vivida en Europa la va a reflejar en el manifiesto – programa dado a conocer en Demajagua el 10 de octubre de 1868, cuando aborda los cambios en la estructura económica y social que se propone alcanzar dirigidos a cambiar los destinos de Cuba,  algo solo posible  con la derrota y expulsión del ejército colonial.

Proclamar la lucha armada como método fundamental para lograr la independencia y la abolición de la esclavitud, es su mayor aporte en la estrategia política y militar en la lucha revolucionaria .Hasta ese momento figuras de las letras, la filosofía y la ciencia formularon ideas doctrinales sobre la formación de la nacionalidad cubana y también, no pocos, defendieron diferentes corrientes políticas en el contexto cubano y otros creyeron que con invasiones anexionistas se resolverían las contradicciones con la Metrópoli.

Pero fue Céspedes quien rompió la inercia y convocó a la guerra encabezando la revolución en su condición de presidente de la República durante más de cinco años, duros y terribles, en que el Ejército Libertador resistió y combatió a las  tropas españolas, superiores en armamento y hombres.

El año 1870 –según la historiografía -resultó ser el más difícil de la guerra, considerando que el propio Capitán General estuvo al frente de operaciones militares.

De gran complejidad para los mandos del Ejército Libertador y para la población camagüeyana, resultaron las operaciones combativas desplegadas por el ejército español.  Según datos de los partes de los jefes españoles, las fuerzas de Ejército Libertador sufrieron más de mil bajas en combate, y las bajas españolas: 22 muertos y 63 heridos.
La máxima prueba de la terrible situación por la que se atravesaba, fue la propuesta que hizo Caballero de Rodas a Céspedes, de perdonar la vida de su hijo Amado Oscar, hecho prisionero en mayo, a cambio de que Céspedes abandonara la lucha y él le facilitaría los medios para salir de Cuba.

La respuesta es conocida, Céspedes no entregó la revolución y su hijo tampoco claudicó y fue fusilado. El presidente demostró su alta responsabilizad ante la patria, el pueblo y con los hombres y mujeres que ya habían caído en combate o asesinados.

El gobierno del Presidente Carlos Manuel de Céspedes, los oficiales y soldados de Ejército Libertador, bajo el mando de prestigiosos jefes, combatieron y resistieron la brutal embestida española, logrando infringirle también considerables bajas, a pesar de que las tropas españolas prácticamente triplicaban las del Ejército Libertador.

No obstante el empleo de todos sus recursos políticos y militares para pacificar el país, cuatro Capitanes Generales solicitaron su relevo al no doblegar la voluntad y el patriotismo de los jefes, oficiales y soldados del Ejército Liberador y principalmente la férrea voluntad y amor a la patria de su presidente, quien entregaba toda su capacidad en lograr la mayor organización y a la preparación del Ejército. Era un convencido que la única forma de lograr la independencia y abolir la esclavitud era derrotar en el campo de batalla al Ejército colonial.

Carlos Manuel de Céspedes cayó combatiendo contra el enemigo español el 27 de febrero de 1874. Nunca acepto la paz sin independencia y sin la abolición de la esclavitud.

Con su muerte indudablemente la guerra declinó políticamente a pesar de éxitos militares. Retomó las banderas en Baraguá el Mayor General Antonio Maceo y Grajales, quien, desde el 13 de octubre de 1868, se había incorporado como soldado a las filas del Ejército Libertador y combatió junto a Céspedes por el programa que dio a conocer en Demajagua. Maceo entonces dijo como él, no hay paz, si no hay independencia y es abolida la esclavitud.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz retoma la idea de José Martí, que es la misma de Céspedes en otro contexto, y también enlaza la revolución cubana iniciada en 1953 con la de 1868.

Los combatientes del Ejército Rebelde al igual que los hombres del 68 combatieron al enemigo y , soportaron “el agua, el sol, el frío, el hambre, la desnudez, la carencia de armas y parque, la distancia, los ríos, las montañas, los precipicios, las balas de los enemigos.

“Nada  intimidó a los soldados  del Ejército Libertador que no logró el triunfo por múltiples factores de carácter político y militar, pero su ejemplo y heroísmo quedó para siempre en la memoria histórica del pueblo. Recogerán las banderas de su gesta heroica los jefes y soldados del Ejército Rebelde que 91 años después culminaron, junto al pueblo, la obra comenzada por el Padre Fundador de la Nación Cubana.”

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