Elegía, jardín universitario a Carilda Oliver Labra

Por Karla Alonso Leyva, estudiante de periodismo.

Dicen que también amaba las plantas, que en ellas estaban guardadas pedazos de la poesía más dulce y tierna. Por eso, decidieron regalarle un jardín, donde sus versos atrapan la mirada de los transeúntes y donde el rocío humedece la tierra que plantaron manos jóvenes enamoradas.

Elegía, aparece grabado en un trozo de madero, así lo nombran quienes no pudieron conocerla tanto, pero que más de una vez pronunciaron sus versos en momentos de añoranza, pasión o desvelo.

En un pequeño espacio que parecía olvidado en el ir y venir de profesores y estudiantes resurgió la calma, el amor y la meditación que provocan sus estrofas. Hoy que su mirada no está, los ojos de quien acompañó los últimos andares de Carilda Oliver Labra me cuentan de sus historias y del amor que sentía por este lugar al que quiso con apego y donde más de una vez regresó en busca de versos.

Cuando apreciaban el entorno que esa mañana quedó a disposición de aquellos que honran sus poesías, una pequeña mariposa asomó sus alas. Algunos la pasaron por inadvertido, sin embargo, para otros fue un momento emotivo en el que no bastaban las palabras y solamente prefirieron dar las gracias.

El color verde de las hojas cunde el espacio, el perfume de las flores engalana el lugar, pero lo que perdura sin lugar a dudas es el calor de quienes después de clases buscaron allí el sosiego de una jornada, y entre posturas e instrumentos de labranza esparcieron en la tierra la semilla del alma.

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