FIDEL CASTRO VIVE EN EL PUEBLO CUBANO.

indiceEl paso mortal de los seres humanos sobre la tierra siempre ha tenido dos componentes esenciales: el camino personal labrado en la personalidad individual; y el que forjamos en el servicio social que legamos a los seres allegados, al pueblo y el mundo.

La condición humana se distingue por el proceso de formación de de los rasgos de la personalidad, asociada siempre al condicionamiento socio-histórico concreto. Esto nos concita a expresar que somos seres humanos inherentes a nuestro tiempo de vida.

Lo que no se dice con frecuencia, es que hay seres humanos que por la riqueza de las virtudes que atesora su personalidad y, más aún, por los resultados de la obra a la cual consagró su vida, trascienden su tiempo y adquieren una condición humana imperecedera.

La belleza moral de tales seres humanos radica en el equilibrio entre pensamiento y acción, entre teoría y práxis subsumidas en la necesidad histórica que su tiempo de vida le demandan. Al mismo tiempo, son un constructo biopsicosocial portador de una elevada asunción consciente de su rol histórico, y de una extraordinaria capacidad de servicio a su pueblo y a la humanidad toda.

No abundan tales personalidades, aún cuando la lista pueda parecernos extensa, por regiones geográficas, países y la impronta de cada civilización en el tiempo.

En el caso de Cuba los padres fundadores de la nación gestaron el ideario de la cubanidad, asociada a las luchas sociales que su tiempo les demandara. Tal simbiosis propició el nacimiento de la tradición ética, signada por el compromiso histórico del pueblo cubano de ser libre e independiente. Este elemento -muchas veces subvalorado en los estudios de nuestra nacionalidad- prefiguró (junto a la insularidad y la recepción de mano de obra foránea) los matices que muestran el proceso de transculturación que desembocara en el célebre ajiaco de lo cubano. En José de la Luz, en Félix Varela y José Martí resumimos nuestra afirmación.

Con el nacimiento de Fidel Castro Ruz en Birán, en la antigua provincia de Oriente -hoy provincia de holguín- el 13 de agosto de 1926, aparece la semilla que germinará en la continuidad histórica del proceso revolucionario emancipador del 68 y del 95 del siglo XIX, que propició el acto fundacional de nuestra nacionalidad.

En la conmemoración de los 100 años de inicada aquella lucha emancipadora, por Carlos Manuel de Céspedes, el líder de la revolución cubana enfatizó en la continuidad del proceso hasta nuestros días cuando expresó: de haber vivido hoy ellos serían como nosotros, y nosotros hubiéramos sido como ellos.

Y para confirmarlo destaquemos que el antecedente generacional de Fidel Castro -actuante en Cuba en las décadas del 20 y el 30 del siglo XX- atesoró personalidades de la talla histórica de Rubén Martínez Villena, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras Holmes.

La formación de la personalidad del joven Fidel Castro no es aquí el objetivo de este ensayo, no obstante; hay que reafirmar que la concepción marxista de la personalidad nos conduce a ponderar -junto a factores muy individuales- la época, el entorno familiar, (en especial el desempeño educativo de sus padres) y la educación recibida en su tránsito escolar por los estudios primarios y de 2da enseñanza.

La Universidad de la Habana cinceló la riqueza humanista y el compromiso social que, cursando la carrera de derecho, Fidel Castro adquirió y que le permitiera -60 años más tarde- expresar: Aquí me hice revolucionario.

La teoría marxista-leninista se amalgamó en él en perfecta armonía con el pensamiento martiano. Y esa cultura política adquirida perfilaron el compromiso sociopolítico por el cambio de los destinos (llamado manifiesto, por los siete- mesinos ideológicos: anexionistas y traidores de su pueblo) de la patria.

La concepción revolucionaria de liberación nacional y de justicia social forjaron en Fidel Castro el sentido de su vida. Y una vez logrado el triunfo, el 1ro de enero de 1959, la batalla emancipadora fue celebrada por todo nuestro pueblo. Así se inició el proceso de profundas transformaciones económico-sociales y políticas que nos trajo la Cuba irredenta constructora del socialismo.

La coincidencia cronológica de los 60 años de su partida de México (25 de noviembre de 1956) para iniciar la trayectoria histórica de la lberación y la justicia social, junto a la partida de hoy 25 de noviembre del 2016, brinda un legado singular de lucha, de pensamiento, cultura y actuación ética humanista que lo convierte en el referente de más estatura histórica en el siglo XX e inicios del XXI.

La pérdida física, a pocos meses de haber cumplido 90 años, no es óbice para sentimientos derrotistas. Un golpe duro sí; para el pueblo cubano, latinoamericano y para la humanidad que reconoce su obra de fundador de justicia social y solidaridad. Fidel Castro es padre, es hermano entrañable, es rayo de luz y de futuro mejor para los pueblos del mundo.

Su batalla inconmensurable de revolucionario de este y de todos los tiempos por venir, esta ligada a su batalla de gladiador y a los numerosos perfiles que su obra antimperialista. Fidel Castro es un predicador y constructor de sueños nobles por un mundo nuevo de justicia social e independencia.

No lo pudieron derrotar nunca en el transcurso de su vida física ni el imperialismo, ni sus lacayos; tampoco permitiremos -los revolucionarios conscientes de todo el mundo- que actuaciones inconsecuentes, derrotismos, y desorientaciones ideológicas traicionen la esencia del pensamiento y la obra cradora de Fidel Castro.

Su vida es síntesis de victoria y sinónimo de unidad pues Fidel forjó la cultura política que sostiene la unidad consciente de nuestro pueblo con su vanguardia histórica y el Partido Comunista de Cuba.

Como Fidel nos educara, y él mismo expresara en memorable discurso en septiembre de 1976, el dolor hoy no se comparte, el dolor se multiplica, hoy millones de cubanos (y de todo el mundo diríamos ahora) lloramos -por el lider histórico de la revolución cubana- y juramos continuar su obra imperecedera, para que siempre en ella Fidel Castro siga viviendo y podamos seguir exclamando: Comandante en Jefe ordene.

Todo lo anterior nos concita a resumir algunos aspectos del legado histórico de Fidel Castro que deberá hacer crecer y siempre defender el pueblo cubano:
– El amor por la historia patria, por la epopeya histórica de nuestros próceres independentistas, así como por la de otros pueblos de latinoamerica y del mundo.
– Su apego a la verdad, a honrar los compromisos individuales y colectivos contraídos por él, sus compañeros de lucha y por nuestro pueblo. Tan temprano como noviembre de 1956, en vísperas de la salida de la expedición del yate Granma Fidel honró la palabra empeñada: en 1956 seremos libres o seremos martires, al desembarcar el 2 de diciembre en las costas cubanas y alcanzar la independencia de Cuba 24 meses después.
– Un hondo amor por su pueblo y por todos los explotados del mundo lo condujeron al liderazgo vital que desempeñara a lo largo de 6 décadas, al frente del proceso revolucionario cubano; a fuerza de arrojo y ejemplo personal esculpió su inconmensurable estatura mundial y previó los desafíos más acuciantes de la humanidad.
– Perseverar con optimismo, jamás darse por vencido, ante dificultad que pareciera insalvable le valió que fuera identificado con la consigna: Convertir cualquier revés en victoria y desterrar toda sombra de derrotismo y claudicación de principio frente al imperialismo.
– Junto a la capacidad (declarada por el Che en su obra El Socialismo y el Hombre en Cuba en 1956) de Fidel de auscultar a las masas, conocerlas y vibrar de pasión revolucionaria junto al pueblo, está la rara cualidad en él de su proverbial modestia y sencillez al haber cumplido siempre el apotegma martiano: toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
– La lucidez del intelecto apenas fulguraría -como cualidad intrínsica de su genio político-, si no estuviera acompañada de una constante búsqueda de información, de verdades científicas que sostuvieran todos los emprendimientos que transformaron nuestro país: reforma agraria, campaña de alfabetización (ser cultos para ser libres), programas alimentarios, voluntad hidráulica, plan de escuelas en el campo, fundación de centros de investigaciones (ya en 1960 nos conminó a forjar un país de hombres de ciencia), contingentes de la construcción y universidades, etc; son parte inseparable de la huella histórica del jefe histórico de la revolución cubana.
A lo anterior lo acompaña el sentido autocrítico del artífice de la revolución cubana y capacidad para generar críticas y rectificaciones (véanse sus discursos años 70 y 80 del siglo pasado y sus informes a los Congresos del PCC) para evitar anquilosamientos, vanagloria y complacencia pueril con lo mucho realizado por la revolución en favor del pueblo.
– La obra de Fidel Castro tiene especial legado en las políticas sociales: salud, educación, ciencia, cultura (en palabras a los intelectuales expresó: no le decimos al pueblo cree, le decimos lee), deporte(como derecho del pueblo), etc.
Y rescatar, junto a Martí, que la ley primera de la república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. El amor a los niños, jóvenes, ancianos, mujeres y desvalidos son dimensiones sociales donde la obra de la revolución cubana es, por antonomasia, fruto de su quehacer creador.
-Para Fidel Castro la máxima martiana: La política es prever, estuvo en el centro de su pensamiento y acción. El nobel de literatura y su amigo personal escribió: Fidel es capaz de ir al futuro y luego venir y contártelo.
Y esa cualidad se modela a fuerza de voluntad y estudio constante en cada cuadro político revolucionario, y un estrecho vínculo con el pueblo, perseverancia y dignidad. Su concepto de revolución vincula política y ética revolucionaria. Este concepto y la unidad del pueblo son el escudo que garantizará la perdurabilidad histórica de la revolución.
– Su genio político-militar y su consagración a la consolidadción de la doctrina militar de la revolución cubana y al crecimiento de la capacidad defensiva del país, hasta convertirla en un bastión que garantiza la invulnerabilidad militar, no está desligada de la confianza infinita que siempre tuvo el comandante en jefe en su pueblo uniformado.
– En el partido y el la teoría marxista leninista en constante desarrollo y en estrecho vínculo con el pensamiento social revolucionario y en la cultura ancestral de los pueblos, Fidel legó una visión humanista de los destinos de la especie humana, al tiempo que alertó de los peligros de exterminio que la acechan. Fue, sin lugar a dudas, premonitoria su alerta sobre los peligros del cambio climático, en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992.
– A los cuadros de la revolución les dejó el magisterio de la actuación de su liderazgo revolucionario: Firmeza ideológica; inconformidad con lo mal hecho; estrecho vínculo con el pueblo; su capacidad para bajar a las bases sociales, para conocer la vida, los problemas y el dolor del hombre común; predicar con el ejemplo y con apego a la verdad; actuar con valentía política ante cualquier adversidad circunstancial; trabajar sin descanso hasta coronar con el éxito cada tarea que se emprenda, para beneficio colectivo y no personal; y que el optimismo revolucionario, por un mundo mejor, irradie a todos los que rodean la actuación de un cuadro revolucionario cubano.
– Por último, consignaremos el amor por la justicia social que Fidel Castro desarrolló en el pueblo cubano; junto a los sentimientos de la más amplia solidaridad con todos los pueblos del mundo que, en correspondencia con el ideario de Martí se sintetiza: ser solidarios es saldar nuestra deuda histórica con la humanidad. Cientos de miles de cubanos han prestado servicios internacionalistas -militares y/o civiles en varias decenas de países- y han escrito páginas heróicas que situan al pueblo cubano en un sitial de honor mundial y el nombre de Fidel Castro es su mayor exponente.
Por todas estas y otras muchas más razones, el legado del líder de la revolución cubana vive y se acrecentará en el tiempo, con la actuación individual y colectiva de todo nuestro pueblo y la de muchos revolucionarios de todo el mundo, con el optimismo renovado en el compromiso histórico de que Fidel Castro vivirá por siempre en cada uno de los revolucionarios cubanos y en la demanda histórica: Comandante en Jefe, Ordene.

Por:Alfonso Alonso Franquiz

Impactos: 684

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com