INVESTIGANDO EN CUBA

La forja de la cultura y la conciencia social de un pueblo no es cosa de un día. Nuestra relativamente joven nacionalidad se está construyendo a sí misma desde que nos reconocimos como cubanos y ahora en un escenario obligadamente global.
Las manifestaciones culturales ocupan un espacio primordial en nuestra identificación nacional. Bailando en Cuba ha sido, por ejemplo, un espectáculo televisivo popularísimo. Refleja una herencia intangible que nos ha movido ancestralmente. Sin duda, el baile es un atributo indiscutible de nuestra conciencia social.

En el avatar de esta construcción nacional, Cuba cultiva su identidad más allá del baile y otras manifestaciones tradicionales de la idiosincrasia popular. Tuvimos la suerte de que una Revolución profunda ocurriera hace casi seis décadas para influir decisivamente en ella. La misma aportó un componente inesperado: el concepto ya enraizado en nuestra conciencia social de que el saber y la ciencia son una virtud.

De una república donde el conocedor era tratado como «Abelardito» y objeto de mofa, la generalidad de los cubanos hoy respetamos el saber y a los sabios. Se formó incluso un inédito movimiento científico gracias al patrocinio incansable y la autoridad de Fidel.

Con la Revolución la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) cubanas florecieron y son parte de sus joyas más preciadas. ¿Cómo estamos «investigando en Cuba»?

Los resultados de una investigación deben hacerse públicos para que tengan valor, aun en el caso de que tal público sea restringido. El ciclo de aprovechamiento del saber para crear riqueza y bienestar se cierra con la información que fluye entre creadores y aplicadores tecnológicos.

En 1996 llegamos a situarnos en el lugar 55 a nivel mundial gracias a la producción de documentos científicos, con un índice Hirsch de 127[1]. Desde entonces nos mantuvimos en una posición muy cercana a la cifra mencionada, pero en el 2015 descendimos de manera notable quedando en el puesto 72, el más bajo de todos estos años.

Los ingresos salariales máximos posibles para los científicos en el sector presupuestado, que son la inmensa mayoría, no suelen superar los 1 000 CUP mensuales y sin mucha relación con su productividad. Gana lo mismo el que mucho investiga, forma investigadores y publica que el que no lo hace.

Igualmente, la formación doctoral de nuestros jóvenes es un elemento clave porque son ellos los que garantizan el sostenimiento de estas actividades. Todos los países que desean que su ciencia avance los promueven o contratan allá donde estén. En el mundo moderno, un doctor en una ciencia particular se entiende como un investigador independiente, aunque se titule a los 25 años de edad. Es deseable también que obtengan el grado en la juventud para que puedan desarrollar una larga vida de creación científica. Una de las cifras más preocupantes es que en Cuba la edad promedio de las personas que defendieron un doctorado en el 2015 fue de 45 años, cuando debería rondar los 30 o 35.

Los recursos económicos requeridos por la investigación científica y tecnológica de avanzada son costosos e imprescindibles. Nuestras instituciones del sector se han ido quedando poco y obsoletamente equipadas al sufrir las consecuencias de los avatares económicos del país y del bloqueo de los EE.UU., cada vez más detallado y preciso para las tecnologías avanzadas. Esto ha obligado a que desde hace muchos años una buena parte de nuestros resultados se apoyen en la colaboración.

Los mecanismos económicos efectivos que alienten y estimulen las relaciones entre los productores de conocimientos endógenos y sus implementadores para producir valor con ellos solo se están ideando y comenzando a implantar en estos momentos. La planificación de las CTI cubanas está por desarrollarse para que sea efectiva. Por definición, cualquier hallazgo novedoso, sea científico o tecnológico, no se puede planificar en específico porque entonces no lo sería. Los planes pueden y deben ser para promover estas iniciativas y garantizar que puedan realizarse si ocurren. La gestión del día a día de las CTI requiere de mucha flexibilidad.

Hoy es casi imposible en el mundo desenvolver los intercambios que permiten avanzar las investigaciones sin capacidad alguna de videoconferencias y acceso ubicuo a bases de datos internacionales en los teléfonos, las casas y los lugares de trabajo de los investigadores. Aunque en los años más recientes se ha tenido un importante avance en este sentido en las universidades y centros científicos, todavía resulta insuficiente para lo que se demanda.

«Investigando en Cuba» es ya también parte de la conciencia social del país. Con la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación crecemos como pueblo revolucionario, elevamos a los mayores niveles la cultura, y contribuimos al inaplazable despegue de las fuerzas productivas que mucho debe aportar al progreso de la nación.

Las medidas a tomar no tendrían que comprometer gastos imposibles para la economía nacional, dada la reducida magnitud actual del sector. Sin embargo, muchas de ellas probablemente aportarían verdaderas multiplicaciones a las riquezas al país si se gestionan de manera adecuada.

Estas actividades no son sectoriales, ni de un ministerio en particular. Son transversales a toda la sociedad. Se trataría de proteger y seguir desarrollando esas verdaderas joyas de la Revolución, y continuar entonces con el estratégico propósito de Fidel de tener un país de hombres de ciencia y de pensamiento.

*Presidente del Consejo Científico de la Universidad de La Habana.

[1]Scimago Journal and Country Rankings, http://www.scimagojr.com/countryrank.php?year=1996.El índice Hirsch quiere decir que Cuba tenía 127 documentos ese año que habían sido citados 127 veces o más en la literatura científica.

(por Prof. Luis A. Montero Cabrera, Dr.Cs.*)

[Tomado de Granma]

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